viernes, 27 de noviembre de 2009

Nuestra experiencia de pobreza


Quizás nosotros no nos encontremos en las condiciones de pobreza descritas en la entrada anterior, pero al vivir en sociedad, en más de alguna vez nos ha tocado compartir con aquellos que, aunque para muchos tienen menos, a veces tienen más.
En la vida no se puede estar indiferente frente a lo que viven los demás, el dolor ajeno es algo que no se puede ignorar, y es por esto que existen determinadas instancias en las cuales se puede salir a compartir con otras realidades, las misiones son unas de ellas, una oportunidad en la que el colegio en el cual estamos, podamos ser comunidad y al mismo tiempo llevar la alegria y el mensaje de Cristo al resto, son experiencias que marcan y que dejan huellas, ¿quién no se alegra de poder alegrar a alguien por un momento?.

Queremos aprovechar esta entrada para poder compartir nuestras experiencias vividas frente a la pobreza, partiremos nosotros...

Traiguén, Julio de 2007, en una población nueva, literalmente en la punta del cerro, nos alegrábamos porque a pesar de ser advertidos de que era la población mas peligrosa de la ciudad, y que no nos sorprendiera escuchar disparos en pleno día, la gente nos estaba prestando atención y en general se mostraba dispuesta a conversar con nosotros... comentando esto con mi compañera de misión nos detuvimos en una esquina y adivinando como tocar en esa casa que tenía como 3 puertas, sale una señora con toda la pinta de quién está preparada para salir a una pelea, más tarde entenderán porqué.
Luego de presentarnos su cara cambió, la señora Andrea comenzó a contextualizarnos un poco más en la realidad que existía en la población. De a poco fuimos contándole sobre nuestro objetivo, qué hacíamos 70 jóvenes en vacaciones de invierno en días de tanta lluvia y frio dando vueltas por la ciudad. Ya le habíamos contado sobre nosotros, ahora era su turno. Puso cara de indecisa, pero a pesar de eso, comenzó a agarrarnos confianza y contarnos de cómo habia perdido a su marido en un accidente de auto cuando él iba a trabajar y se volcó en plena carretera, la empresa no respondió mayormente y resignada, tuvo que aprender a convivir con la impotencia.
Sus hijas, en ese momento pequeñas, crecieron sin un padre presente, y desde ese momento la señora Andrea empezó a trabajar por sus hijas, vendió pan, lavó ropa de vecinos, se las arregló para ofrecer servicios de costurería y así, poco a poco fue manteniendo a sus hijas y viviendo con lo justo, renunció a muchas cosas por el bien de su familia y peleó por que tuvieran una vida mejor que ella. Por eso su cara de lista para pelear. Ahora su hija mayor está casada y la ayuda en lo que puede, pagó el subsidio para su casa nueva en el cerro y vive mas tranquila.
¿Cómo no estar orgulloso de la señora Andrea y tantas otras como ella que día a día se esfuerzan para esquivar la pobreza y surgir?, ¿cómo no estar feliz de haberla conocido?

Ahora es su turno, los invitamos a ustedes a darnos a conocer aquéllas historias que los han marcado o les han llamado la atención.

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